
Un día estás ahí, convencido de que importar productos a Chile es pan comido, hasta que te topas con un muro de trámites, códigos y burocracia que parecen escritos en un idioma extraterrestre. Entonces, descubres que una Agencia de Aduanas en Chile no es un lujo, sino una tabla de salvación. Recuerdo la primera vez que intenté traer una partida de café especial desde Colombia. Pensé que sería un simple “pague y pase”, pero no. Documentos, permisos, impuestos… un laberinto sin Minotauro, pero igual de aterrador. Ahí es cuando aparece ese aliado estratégico que conoce cada recoveco del sistema y convierte el caos en fluidez. Como un buen piloto en aguas turbulentas, te guía hasta que todo llega a puerto sin contratiempos. Desde entonces, aprendí que los negocios internacionales no se tratan solo de comprar y vender, sino de saber quién puede allanar el camino.
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